Siento el cerebro expandido como una flor
abierta en el cráneo.
Una noche en que la plazuela llamada "A la Madre" estaba teñida de una intensa oscuridad, las estrellas en el vasto y negro firmamento, brillaban sin cesar, sin parpadear desprendían un tipo de vals, entre ellas, podía percibir una gama de rayos que iluminaban mi camino, los rayos de luz proyectados sobre mí le pertenecían a la luz de la Luna, mi existir se había tornado iluminado.
Con tal cascada de luz, cayendo sobre mí, sentí el cerebro expandiéndose como una flor abierta en el cráneo.
Una noche en que la plazuela llamada "A la Madre" estaba teñida de una intensa oscuridad, las estrellas en el vasto y negro firmamento, brillaban sin cesar, sin parpadear desprendían un tipo de vals, entre ellas, podía percibir una gama de rayos que iluminaban mi camino, los rayos de luz proyectados sobre mí le pertenecían a la luz de la Luna, mi existir se había tornado iluminado.
Con tal cascada de luz, cayendo sobre mí, sentí el cerebro expandiéndose como una flor abierta en el cráneo.
