A 34 km de Cajamarca el centro poblado de
Polloc levanta en su interior un santuario poco conocido, poco
explorado y poco turisteado.
Este santuario con fragancia italiana, fascina por
el verdor de sus campos, sus meticulosos muros y alrededores revestidos en
mosaico.
Cuenta la historia de este lugar que en sus
inicios no era un lugar de oración, sino que estaba destinado al trabajo, Polloc
era una hacienda de campesinos, como la mayoría de la extensa región, donde
dominaban los gamonales. Los pobladores, por su parte, cuentan que en la verde
llanura había un manantial, una vez vieron a una mujer, de piel clara, ojos
azules. Temerarios y asombrados, fueron hacía el dueño de la hacienda para que
este vaya a ver a aquella extraña persona, el dueño después de verla, a la
noche siguiente, soñó con ella, esta le dijo: “Quiero mi casa al lado de este
pozo”.
Posterior a lo suscitado, el dueño de
Polloc ordenó levantar una pequeña iglesia hecha de tierra y paja. Todos
los campesinos, con sus creencias sencillas, iban a rezar a esta mujer, y desde
ese momento se empezó a celebrar la fiesta en honor a la Virgen del Rosario.
Al costado del santuario luce majestuoso el
manantial, que nace en el mismo centro del ambiente. El manantial es flanqueado
por el balcón, una alegoría de la Biblia tallada en madera. Finalmente, por un
pasaje adornado de columnas en cuyas paredes se muestran esculturas, se llega a
una tienda donde se exhiben y venden obras de artesanía y de arte litúrgico,
último lugar al cuál no entre, para dejar un espacio desconocido, cuando en
algún momento regrese a visitar este bello rincón de mi tierra.
En este lugar se inhalan campos vírgenes,
pastoreo de ganado, el discurrir de las cristalinas aguas, y se exhala la paz y
la calma total, y obviamente el rico olor del ceviche y chicharrón de trucha,
la cual es criada en todo su esplendor.


