Prometí ingerirte en mis momentos más decadentes y sublimes, pero ahora mírame, zarpó como si fuese la última pluma que se adhiere al cuerpo decadente de un ave que ya no expele su más magnífico trinar, el tiempo corre a prisa y el olvido llega presurosamente, plasmado sobre mi piel y mis ojos, más en las raíces de mi cuerpo queda una parte tuya.
Pusiste la semilla en mí, ahora solo me cobijo como un recién nacido que busca sumergirse en el más profundo cráter de su mente, esta noche mis manos se tiñen, mi corazón suda y expira agitado, pues las patas de zancudo y ese dulce amargo de tus labios ya no están más.

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